
Jose Mourinho en estado puro
Dos partidos de liga -Mallorca y Osasuna- y el debú en Champions contra el Ajax de Amsterdam ha sido tiempo suficiente para observar que el Real Madrid va camino de convertirse en lo que han sido siempre los equipos de Mourinho: un bloque sólido atrás sin concesiones al rival, una medular dedicada a la contención y que, en cuanto a la creación, se limita a la transición rápida, y un ataque práctico y sin contemplaciones por mucho que alguno de los delanteros blancos -léase Cristiano- se empecine en la acción espectacular. En cuanto el nuevo Real Madrid convierta todo el juego de ataque que es capaz de generar, estaremos, sin duda, ante uno de los conjuntos más temidos de Europa, ya que, como el mismo Mourinho ha observado en más de una ocasión desde que aterrizó en Chamartín, el objetivo más inmediato de su trabajo es que los rivales inquieten lo mínimo posible el marco de Casillas. Y a fe que el portugués lo está consiguiendo: difícilmente hallaremos un Madrid en los últimos diez años que sufra menos en defensa que el actual. Iker, en otro momento salvador, pluriempleado y santo y seña de los merengues, vive más tranquilo que nunca en esta nueva etapa. Mallorca y Osasuna ni le despeinaron, mientras que el Ajax dispuso ayer de una única ocasión -con el 0 a 2 en el luminoso- que, al fin y al cabo, fue más mérito de Anita, que, sin saber qué hacer con el esférico en el vértice izquierdo del área de Casillas, lanzó una rosca que dio en el travesaño del de Móstoles, que demérito de la zaga blanca. Y ahí estaba, como siempre, el portero merengue, que reaccionó presto al rechace y, en una exhibición de concentracción y de rapidez mental y física, desvió con una mano un cañonazo de Sulejmani que hubiera supuesto el 1 a 2 quedando un cuarto de hora por jugar.
El partido fue un auténtico monólogo del cuadro merengue, que gozó de innumerables oportunidades, con lo que nada cabe objetar al juego desarrollado anoche por los blancos. Si acaso, la falta de puntería, ya que, en no pocas ocasiones, y con el 0 a 1 en el marcador, que llegó en el minuto 30 del primer tiempo cuando un saque de esquina lanzado por Xabi Alonso fue introducido en la red por Anita ante el acoso de Gonzalo Higuaín -la UEFA concedió el tanto al argentino-, tanto Ronaldo como el propio Higuaín gozaron de oportunidades clarísimas que no consiguieron el premio del gol y que llegaron a impacientar al público del Bernabéu.

El conjunto blanco celebra el segundo tanto de Higuaín
En ataque, fue el partido de Higuaín, que se mostró muy activo durante todas las fases del encuentro y logró los dos tantos de su equipo, el segundo en el minuto 72 para tranquilidad de los suyos al rematar dentro del área pequeña una cesión de Özil, el verdadero hombre del encuentro, una estrella en ciernes que trajo de cráneo a la defensa ajacied y a Stekelenburg -demasiado portero para tan poco Ajax- y que le va a poner la cosas muy muy difíciles a Kaká cuando se recupere el brasileño. El alemán de origen turco estuvo punzante en el cambio de ritmo, rapidísimo en la toma de decisiones y brillante en el pase y en el desmarque vertical. Para entendernos, recordó a Iniesta en el Barça. En cuanto a Cristiano, se le vio excesivamente impaciente y obsesionado con el gol, con lo que llegó a irritar a su parroquia, que no espera tanto su gol como su contribución al ataque blanco. El portugués está convirtiendo su momentánea incapacidad goleadora en el asunto más trascendente de los partidos del cuadro madridista, con lo que el aficionado está descubriendo su cara más individiualista y su, en ocasiones, escasa capacidad para colaborar en el trabajo de equipo. Aunque despertó división de opiniones, Cristiano escuchó los primeros silbidos dirigidos exclusivamente a su persona… y se debió únicamente a esta especie de compulsión que incluso le lleva a olvidarse del partido cuando falla ante el marco rival.
En cuanto al rival, paupérrimo Ajax el que pasó ayer noche por el Bernabéu, un grande de Europa venido a muy menos que, como insinuábamos anteriormente, tiene a su estrella en la portería. Stekelenburg dio un recital de colocación y concentración que, aun habiendo encajado dos goles, mereció el premio de la imbatibilidad. Demasiado pedir, sin embargo, para su defensa, que estuvo lenta y desubicada, que le desprotegió durante todo el partido y que no supo sacar el balón de su área. Un último apunte. Si el pasado sábado y anteayer nos lamentábamos del césped del Camp Nou, que se levanta con demasiada facilidad, ¿qué cabe decir del del Bernabéu? Impropio para un estadio como el coliseo merengue. Si el centro del campo ya se ve pobre, la banda de tribuna entera es un auténtico patatal en que abundan las calvas, un contratiempo excesivo si se quiere practicar un fútbol de toque. Mal lo van a pasar este año los hombres de banda -Arbeloa, Marcelo, Di María y Sergio Ramos- si los responsables del estado del césped no consiguen solucionar tal contrariedad.